
DERMATITIS ATÓPICA
La dermatitis atópica constituye una de las patologías más frecuentes de la infancia, estimándose que, en la población general, de un 0,7% a un 2,4% de los individuos tienen o han tenido alguna vez dermatitis atópica. Suele comenzar en la infancia temprana y así, un 60% de casos aparece antes del año de edad, y sólo un 30% aparece entre el año y los cinco años de edad. No obstante hemos de tener en cuenta que algunos pacientes pueden debutar en la adolescencia o en la vida adulta, aunque no hayan padecido ningún síntoma de dermatitis atópica durante la infancia.

MANIFESTACIONES CLÍNICAS
Aunque las manifestaciones cutáneas de la dermatitis atópica pueden llegar a ser bastante heterogéneas, el síntoma guía y que está presente en todos los pacientes es el picor, siendo la intensidad del mismo variable entre los diferentes pacientes. Esto explica que algunos de ellos precisen tratamiento con antihistamínicos orales (polaramine®, atarax®, etc) durante el brote de la enfermedad. Por otro lado, las lesiones cutáneas asociadas a la dermatitis atópica varían según la edad de aparición de las mismas (lactante, infancia, adulto), siendo común en las tres fases, la aparición de eccemas de predominio en las flexuras de los miembros, el dorso de las muñecas y las manos, la nuca o el tronco. Las lesiones pueden tener forma de monedas (eccema numular) y presentan una característica coloración rojiza y una descamación fina en su superficie. Muy frecuentemente las lesiones aparecen excoriadas en superficie como consecuencia del rascado pertinaz de los pacientes.
Además del eccema, los niños atópicos muestran con frecuencia otros rasgos cutáneos derivados de su condición atópica y que son:
- queilitis descamativa: enrojecimiento y descamación alrededor de los labios que empeora por el hábito de chupeteo continuo de la zona.
- pitiriasis alba: son manchas blanquecinas que aparecen tras la curación del eccema y que se hacen más patentes durante el verano.
- eccema dishidrótico: brotes de lesiones vesiculosas muy pruriginosas en cara laterales de los dedos que pueden extenderse a región palmar y/o plantar.
- pulpitis digital crónica: enrojecimiento y descamación, a veces con formación de fisuras, en los pulpejos de los dedos de manos y pies.
- dermatitis plantar juvenil: descamación de la zona anterior de la planta del pie que suele asociarse a exceso de sudoración y a la utilización de calzado deportivo.
- queratosis pilar: pequeños quistes foliculares que afectan a mejillas, brazos y muslos y ocasionalmente al tronco.
La enfermedad evoluciona en brotes recurrentes, con fases alternantes de mejoría y empeoramiento, pero muestra tendencia a la desaparición con el paso del tiempo. No es posible predecir la aparición de los brotes pero existen diversos factores que influyen sobre el curso de la enfermedad:
- Clima: las zonas húmedas y templadas mejoran la sequedad de la piel y el picor. Siendo el clima frío y seco perjudiciales para la dermatitis atópica.
- Influencia estacional: la dermatitis atópica tiende a mejorar en verano y empeora en invierno. Se producen frecuentemente reagudizaciones de la misma en primavera y otoño.
- Factores hormonales: la dermatitis atópica puede empeorar con la menarquía, premenstruación, infecciones y a veces con el embarazo.
- Alimentos: continúa siendo dudoso la influencia de la dieta y algunas sustancias ambientales en la dermatitis atópica. Aunque la evolución de las lesiones cutáneas apenas se ve influida por la dieta, existen muchos niños con dermatitis atópica que pueden mostrar una alergia a alimentos asociadas a su estado atópico en el que también son más frecuentes la aparición de asma y rinitis alérgica.
TRATAMIENTO
Dado que actualmente no existe ningún tratamiento curativo de la dermatitis atópica, el tratamiento de la enfermedad va a ir dirigido a la actuación activa durante los brotes, fundamentalmente mediante el empleo de fármacos tópicos, y a la actuación pasiva durante las fases de estabilización mediante el uso de emolientes o cremas hidratantes. Por tanto es importante evitar el empleo de cremas hidratantes durante los brotes de la enfermedad porque además de ser molesto para el niño, supone no estar tratando una piel que está enferma debido a la inflamación que presenta.
1-FASE DE BROTE
- corticoides tópicos (Lexxema®, Adventan®) constituyen los fármacos más usados y efectivos se aplicarán sobre las lesiones de eccema durante la fase de brote y nunca como tratamiento preventivo ni de mantenimiento de la enfermedad.
- inmunomoduladores tópicos (Protopic®, Elidel®) uso en terapia de mantemiento de la dermatitis atópica (2-3 veces a la semana para evitar la aparición de brotes agudos). Además suelen usarse en áreas de piel muy sensible como pueden ser los párpados, la zona peribucal, la areola…
- en casos de dermatitis atópicas severas que no respondan al tratamiento con corticoides tópicos se planteará el uso de fármacos por vía oral (ciclos cortos de corticoides orales, ciclosporina o metotrexato).
2-FASE DE MANTEMIENTO
En esta fase suponemos que la piel está perfectamente sana y que no presenta lesiones de eccema, en cuyo caso será fundamental el empleo de hidratación cutánea activa y continua. Existen multitud de cremas hidratantes específicas para pieles atópicas, siendo preferibles el uso de cremas/pomadas que el empleo de emulsiones/leches corporales por el aporte graso de las primeras.
No es estricto restringir el baño de los niños atópicos, siendo posible bañarlos a diario, con la salvedad de que deben ser baños de corta duración, preferiblemente en forma de ducha y con agua tibia. Se recomienda el uso de jabones extragrasos (tipo syndet o con pastilla de glicerina).
Ya que la dermatitis atópica es una enfermedad que altera la calidad de vida de los pacientes, la restricción en ciertas medidas higiénicas o hábitos familiares pueden a veces ser innecesarios. Por ello debemos conseguir que nuestros hijos tengan una vida lo más normal y activa posible dentro de unas posibilidades y expectativas razonables.
HEMANGIOMAS INFANTILES
Los hemangiomas infantiles, también denominadas hemangiomas capilares o angiomas “en fresa”, constituyen tumores vasculares benignos de aparición al nacimiento o en los primeros meses de vida. Representan los tumores benignos más frecuentes en la infancia, con una prevalencia entre el 1% al 3% en los primeros días de vida, que aumenta hasta el 10-12% al final del primer año. Aparecen más frecuentemente en las niñas y en los recién nacidos de bajo peso.
El 90% de los hemangiomas infantiles se manifiestan durante el primer mes de vida, aunque algunos se perciben en el nacimiento como manchas rosadas pálidas. La mayoría son lesiones únicas y sólo un 20% de los casos son múltiples, pudiendo aparecer en cualquier localización, siendo más frecuentes en cabeza y cuello.
De forma característica los hemangiomas infantiles evolucionan en tres fases:
- fase crecimiento rápido: fase inicial de duración variable entre los 3 y los 9 meses.
- fase de estabilización: la lesión permanece estable en crecimiento y morfología aproximadamente hasta los 12-18 meses
- fase de involución: que durará varios años hasta su desaparición prácticamente completa en el 95% de los casos en torno a los 3-5 años.
En un 20% de los casos se producen complicaciones asociadas como pueden ser hemorragias ante mínimos traumatismos o el desarrollo de ulceraciones dolorosas que aparecen sobre todo en los hemangiomas localizados en el área del pañal. En localizaciones especiales como pueden ser la zona del ojo, la oreja o la nariz, los pacientes serán derivamos a los especialistas pertinentes para valoración de posibles repercusiones funcionales.
Se recomiendan valoraciones periódicas por parte del dermatólogo, sin que de entrada sean necesarias la realización de pruebas de imagen (eco doppler/resonancia magnética), salvo en hemangiomas de gran extensión o segmentarios y en localizaciones de riesgo (hemangiomas lumbosacros).
En ausencia de complicaciones y cuando se espere un buen resultado cosmético no será necesaria la instauración de tratamiento médico. Éste sólo será necesario en aquellos hemangiomas en los que se espere un compromiso funcional o en aquellos que desarrollen complicaciones. Existen diversas opciones terapéuticas siendo el propranolol oral, el fármaco más utilizado actualmente.
MOLUSCOS CONTAGIOSOS
Los moluscos contagiosos están producidos por un virus ampliamente extendido en el ambiente que suele afectar sobre todo a niños y adultos sexualmente activos. La infección es más frecuente durante la edad escolar con un alto índice de contagiosidad, lo cual se produce con el contacto íntimo piel-piel y se ha correlacionado con la utilización de piscinas, baños públicos, toallas, materiales de gimnasio, etc.
Clínicamente se manifiestan como “pequeños granitos” de coloración blanco nacarado o más o menos amarillenta, de superficie lisa con una depresión central. El tamaño es variable, entre 3 y 5mm y suelen distribuirse por la cara, el tronco y las extremidades. El número también es variable desde una única lesión hasta cientos de ellas. Es frecuente observar una dermatitis eccematosa alrededor de algunas lesiones de molusco, denominada “dermatitis del molusco”.
El tratamiento de los moluscos es habitualmente sencillo, incluso a veces se produce la resolución de las lesiones de forma espontánea o inducida por traumatismos. Es importante evitar la trasmisión de la enfermedad, para ello se utilizarán ropa y toallas exclusivas para el niño infectado.
Existen tratamientos tópicos para destruir las lesiones. Estas sustancias tienen un efecto irritativo sobre la lesión y deben usarse a diario hasta la desaparición de las lesiones. (Molutrex®, Molusk®)
Además existen tratamientos físicos que tienen como objetivo eliminación inmediata de las lesiones. Suelen ser más dolorosos para el paciente pero presentan altos índices de respuesta. Estos son el empleo de crioterapia aislada en cada lesión o bien el curetaje de las lesiones.
VERRUGAS VULGARES
Las verrugas vulgares pueden suceder a cualquier edad, pero con bastante frecuencia afectan a la población pediátrica. La incidencia aumenta considerablemente durante la edad escolar hasta los 12-16 años, cuando empieza a decaer.
1-Verrugas vulgares
Son la variedad más frecuente. Afectan sobre todo a dorso de manos y dedos y en las rodillas, pero pueden afectar a cualquier lugar de la piel. Son lesiones sobreelevadas de superficie queratósica (“similares a un callo”) que pueden confluir y formar grandes masas. La evolución es impredecible aunque hasta el 65% pueden desaparecer espontáneamente en 2 años.
2-Verrugas plantares “papilomas”
La mayoría se localizan en puntos de apoyo del pie, como pueden ser el talón o la zona anterior. Pueden ser lesiones únicas o muy numerosas y pueden llegar a ser dolorosas. La mayoría (entre un 30 y un 50%) suelen desaparecer en el transcurso de 6 meses.
3-Verrugas planas
De predominio en cara y dorso de las manos. Son lesiones aplanadas del color de la piel normal de frecuente aparición lineal. Suelen ser más persistentes que los tipos anteriores, aunque también evolucionan a la desapareción completa con el paso del tiempo.
El tratamiento suele realizarse generalmente mediante crioterapia local asociado a agentes antiverrugas como pueden ser el ácido salícilico (Verrupatch®, Verruplan®…).